Radiografía del Empleo en Perú: Lo Que Revelan las Últimas Cifras del INEI

El Instituto Nacional de Estadística e Informática presentó sus datos más recientes sobre el mercado laboral peruano, y las cifras pintan un panorama complejo. Mientras los números de ocupación muestran crecimiento moderado, la realidad detrás de las estadísticas revela desafíos estructurales que afectan especialmente a jóvenes, mujeres y trabajadores del sector rural.

Los Números Generales: Crecimiento Modesto

Durante 2024, la población ocupada alcanzó 17.3 millones de personas, representando un incremento del 0.8% respecto al año anterior . A simple vista parece positivo, pero contextualicemos: estamos hablando de apenas 143,100 empleos adicionales en un país de más de 33 millones de habitantes.

La distribución geográfica muestra disparidades importantes. En zonas urbanas el empleo creció 1.6%, mientras que en áreas rurales cayó 2.1% . Esta brecha confirma lo que muchos ya intuían: las oportunidades laborales se concentran cada vez más en ciudades, dejando al campo con menos opciones.

El Desempleo: Más de Un Millón de Peruanos Buscando Trabajo

Aquí las cifras se vuelven más preocupantes. La tasa de desempleo nacional llegó a 5.6% en 2024, aumentando 0.2 puntos porcentuales respecto al año anterior. Traducido a personas reales, estamos hablando de más de un millón de peruanos buscando activamente empleo sin conseguirlo.

Pero el promedio nacional esconde realidades mucho más duras en ciertas regiones. Huancavelica reportó una tasa de desempleo del 12%, seguida por Cajamarca con 11.3% y Moquegua con 10.7% . En contraste, ciudades como Moyobamba, Tarapoto y Trujillo mantienen tasas cercanas al 4.5%.

Quiénes Sufren Más el Desempleo

Las estadísticas desagregadas revelan brechas preocupantes. El desempleo afectó más a las mujeres, con una tasa del 7.6%, comparado con el 5.4% en hombres . Casi dos puntos y medio de diferencia: las mujeres enfrentan sistemáticamente mayores barreras para conseguir trabajo.

La situación de los jóvenes es aún más crítica. La tasa de desempleo entre personas de 14 a 24 años alcanzó el 12.5% , más del doble del promedio nacional. Uno de cada ocho jóvenes que busca trabajo no lo encuentra. Esta cifra debería encender alarmas: estamos perdiendo talento joven en sus años formativos más críticos.

Paradójicamente, quienes tienen educación superior universitaria enfrentan una tasa de desempleo del 8.5% , superior al promedio. ¿Qué nos dice esto? Que tener un título universitario ya no garantiza inserción laboral. El mercado demanda no solo educación formal, sino habilidades específicas y experiencia práctica.

La Informalidad: El Verdadero Gigante Invisible

Si el desempleo es preocupante, la informalidad es alarmante. El 70.7% de la población ocupada tiene empleo informal , es decir, sin contratos formales, sin beneficios laborales, sin protección social. Siete de cada diez trabajadores peruanos operan fuera del sistema legal laboral.

La geografía determina dramáticamente esta realidad. En el área rural, el 94.6% de los empleos son informales, mientras que en zonas urbanas la cifra es del 65.1% . Casi la totalidad del campo trabaja sin ninguna protección formal.

Las Ciudades Más Informales

Algunas ciudades específicas presentan tasas de informalidad que superan el 70%. Juliaca lidera con 83.4%, seguida por Pucallpa con 72.9% y Ayacucho con 72% . En el otro extremo, Moquegua registra 54.1%, Arequipa 55.7% y Lima Metropolitana junto al Callao 56.9% .

Incluso en las ciudades con menor informalidad, más de la mitad de los trabajadores están fuera del sistema formal. Esto tiene consecuencias directas: sin aportes a pensiones, sin seguro de salud completo, sin vacaciones pagadas, sin protección ante despidos arbitrarios.

Ingresos: ¿Mejora Real o Espejismo?

El ingreso promedio mensual alcanzó 1,780.40 soles en el periodo abril 2024-marzo 2025, con un incremento del 5% respecto al año anterior . Suena bien en términos porcentuales, pero analicemos la realidad.

Primero, este es el promedio. La distribución es profundamente desigual. En zonas urbanas el ingreso promedio llegó a 1,941.20 soles, mientras que en áreas rurales apenas alcanzó 918.40 soles . Un trabajador urbano gana, en promedio, más del doble que uno rural.

Segundo, ese incremento del 5% debe medirse contra la inflación acumulada del mismo periodo. Si la inflación fue similar o superior, el poder adquisitivo real no mejoró significativamente. Los peruanos quizás reciban más soles, pero esos soles compran menos.

Sectores Que Impulsan (y Frenan) el Empleo

Manufactura lideró el crecimiento con 4.6%, seguida por Comercio con 2.8% . Construcción y Servicios también aportaron positivamente, aunque de manera más modesta.

Sin embargo, las actividades de Agricultura, Pesca y Minería cayeron 1.1% . Considerando que estos sectores emplean a gran parte de la población rural, esta caída explica parcialmente la reducción del empleo en zonas no urbanas.

Seguridad Social: Avances Insuficientes

El 95.2% de la población ocupada tiene algún seguro de salud según el primer trimestre de 2025. Esto representa un avance de 1.7 puntos porcentuales respecto al año anterior. Buena noticia, pero matizemos: tener «algún» seguro no significa tener cobertura completa de calidad.

El tema de pensiones es más crítico. Solo el 40.3% de la población ocupada está afiliada a algún sistema de pensiones . Esto significa que seis de cada diez trabajadores peruanos no están ahorrando formalmente para su jubilación. La bomba de tiempo demográfica sigue avanzando.

La distribución por edad es reveladora. Apenas el 21% de jóvenes ocupados entre 14 y 24 años cuentan con afiliación al sistema de pensiones . La gran mayoría de trabajadores jóvenes opera sin ninguna protección previsional, creando un problema masivo a futuro.

Empleo por Edades: Los Jóvenes Pierden Terreno

Una tendencia preocupante: el empleo entre menores de 25 años cayó 6.9% en el primer trimestre de 2024. Mientras tanto, el empleo de personas de 45 años o más creció 4.6% .

¿Qué significa esto? Que el mercado laboral peruano expulsa a los jóvenes y retiene a los trabajadores mayores. No es necesariamente malo que las personas mayores trabajen más, pero la caída juvenil es alarmante. Estamos ante una generación que enfrenta barreras extraordinarias para iniciar su vida laboral.

Qué Significa Todo Esto Para el Trabajador Promedio

Las cifras del INEI cuentan una historia de crecimiento anémico con problemas estructurales profundos. No estamos en crisis aguda, pero tampoco en recuperación robusta.

Para el trabajador urbano con educación superior, el mercado es competitivo y saturado. Ya no basta el título: se necesitan habilidades específicas, experiencia demostrable y capacidad de adaptación continua.

Para los jóvenes, la situación es particularmente difícil. Tasas de desempleo que duplican el promedio nacional y caída sostenida en oportunidades sugieren que necesitan estrategias agresivas: formación técnica especializada, desarrollo de habilidades digitales, disposición a trabajar inicialmente en condiciones subóptimas para ganar experiencia.

Para las mujeres, la brecha de género persiste. Mayores tasas de desempleo y menor participación laboral indican que, más allá de capacidades, existen barreras sistémicas que requieren atención política y social.

Para trabajadores rurales, el panorama es sombrío. Caída del empleo, informalidad casi total, ingresos que no alcanzan ni la mitad del promedio urbano. La migración hacia ciudades seguirá siendo inevitable para muchos.

Preguntas Que las Cifras No Responden

Los datos del INEI son valiosos pero limitados. No nos dicen, por ejemplo, cuántos de esos empleos «formales» son realmente dignos. Un contrato formal con salario mínimo y condiciones precarias es técnicamente empleo adecuado, pero ¿realmente lo es?

Tampoco sabemos cuántos trabajadores tienen múltiples empleos para sobrevivir. Las estadísticas cuentan personas ocupadas, no empleos totales. Alguien trabajando tres chambas de medio tiempo aparece igual que alguien con un trabajo estable de tiempo completo.

La calidad del empleo importa tanto como la cantidad. Un país puede tener baja tasa de desempleo con salarios miserables e informalidad rampante. Los números del INEI sugieren que Perú está en esa categoría.

Mirando Hacia Adelante

Los desafíos son claros: reducir la informalidad masiva, cerrar la brecha urbano-rural, integrar a los jóvenes al mercado laboral, eliminar disparidades de género, y elevar los ingresos reales de la población.

Ninguno de estos problemas se resuelve rápidamente. La informalidad no se combate solo con fiscalización; requiere incentivos para formalización, reducción de costos burocráticos, y creación de condiciones donde formalizarse tenga sentido económico para pequeños negocios.

El empleo juvenil necesita conexión real entre educación y mercado laboral. Las universidades e institutos siguen produciendo profesionales que el mercado no demanda, mientras escasean técnicos especializados en áreas críticas.

La brecha salarial urbano-rural solo se cierra con inversión en productividad agrícola, diversificación económica regional, e infraestructura que conecte mercados rurales con centros urbanos.

Mientras tanto, los trabajadores peruanos navegan esta realidad con las herramientas disponibles: capacitación constante, adaptabilidad, networking estratégico, y frecuentemente, resignación ante condiciones laborales que en otros contextos serían inaceptables.

Las cifras del INEI no mienten, pero tampoco cuentan la historia completa. Detrás de cada porcentaje hay millones de peruanos levantándose cada día para buscar el sustento en un mercado que, según todos los indicadores, ofrece más obstáculos que oportunidades.

Buenos Empleos